septiembre 26, 2011
POEMA
Adiós
En costa lejana
y en mar de Pasiòn,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinaciòn.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
"y es cierto y no es cierto"
como en la canciòn.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
-Vamos hacia el mar
que devora al Sol.
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
-Vamos a ver juntos
dònde se hace el Sol.
Ni por juego digas
o exageraciòn
que nos separaron
tierra y mar, que son:
ella, sueño, y él,
alucinaciòn.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos...
¡Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!
Al oido del Cristo
Al oido del Cristo
Cristo, el de las carnes en gajos abiertas;
Cristo, el de las venas vaciadas en ríos:
estas pobres gentes del siglo están muertas
de una laxitud, de un miedo, de un frío!
sí te tienen, forma demasiado cruenta,
sin esas blanduras que aman las mujeres
y con esas marcas de vida violenta.
No te escupirían por creerte loco,
no fueran capaces de amarte tampoco
así, con sus ímpetus laxos y marchitos.
Porque como, Lázaro ya hieden, ya hieden,
por no disgregarse, mejor no se mueven.
¡Ni el amor ni el odio les arrancan gritos
Aman la elegancia de gesto y color,
y en la crispadura tuya del madero,
en tu sudar sangre, tu último temblor
y el resplandor cárdeno del Calvario entero.
Les parece que hay exageración
y plebeyo gusto; el que Tú lloraras
y tuvieras sed y tribulación,
no cuaja en sus ojos dos lágrimas claras.
Tienen ojo opaco de infecunda yesca,
sin virtud de llanto, que limpia y refresca;
tienen una boca de suelto botón
mojada en lascivia, ni firme ni roja;
¡y como de fines de otoño, así, floja
e impura, la poma de su corazón!
....¡Oh Cristo! un dolor les vuelva a hacer viva
l`alma que les diste y que se ha dormido,
que se la devuelva honda y sensitiva,
casa de amargura, pasión y alarido.
¡Garfios, hierros, zarpas, que sus carnes hiendan
tal como se hienden quemadas gavillas;
llamas que a su gajo caduco se prendan,
llamas de suplicio: argollas, cuchillas!
¡Llanto, llanto de calientes raudales
renueve los ojos de turbios cristales
y les vuelva el viejo fuego del mirar!
¡Retóñalos desde las entrañas, Cristo!
Si ya es imposible, si Tú bien lo has visto,
si son paja de eras... ¡desciende a aventar!
noviembre 05, 2010
Las aguas del Elqui
Las aguas del Elqui
como recuerdo mis infancias.
AGUAS
Hay países que yo recuerdo
Son países de mar o río,
de pastales, de vegas y aguas.
Aldea mía sobre el Ródano,
rendida en río y en cigarras;
Antilla en palmas verdi-negras
que a medio mar está y me llama;
¡roca lígure de Portofino,
mar italiana, mar italiana!
Me han traído a país sin río,
tierras-Agar, tierras sin agua;
Saras blancas y Saras rojas,
donde pecaron otras razas,
de pecado rojo de atridas
que cuentan gredas tajeadas;
que no nacieron como un niño
con unas carnazones grasas,
cuando las oigo, sin un silbo,
cuando las cruzo, sin mirada.
Quiero volver a tierras niñas;
llévenme a un blando país de aguas.
En grandes pastos envejezca
y haga al río fábula y fábula.
Tenga una fuente por mi madre
y en la siesta salga a buscarla,
y en jarras baje de una peña
un agua dulce, aguda y áspera.
Me venza y pare los alientos
el agua acérrima y helada.
¡Rompa mi vaso y al beberla
me vuelva niñas las entrañas!
Así la descubrí y la voy descubriendo.
Después de mucho tiempo, después de rechazar las invitaciones de mí esposa para conocer el norte del país, me dispuse a aceptar su ofrecimiento, y verdaderamente desde hace tres años que vengo descubriendo un mundo increíble. Primero llegamos a Iquique, Luego estuvimos en Arica, y en cada una de estas partes descubrimos una serie de pueblos con historias heroicas, con una fe y religiosidad impresionante, con amargura y pena salitrera, con sencillez de vidas y esperanzas. Y así, caminando, poco a poco, este año, llegamos dos veces a La Serena. Y es que una sola vez no es suficiente, porque La Serena es como una mujer hermosa e interesante que uno no se cansa de mirarla y descubrirla. Pero La Serena un día nos dejo partir y descubrimos que había un valle lleno de poesía, de viñas y gente buena por el que se hacían espacio las aguas que iban formado el río del Elqui. Otrora estas aguas, las del Elqui, fueros las que llevaron la poesía del valle hasta el mar y así la poesía cruzo el mar y llego hasta Europa y en Chile, después de un reconocimiento Nobel y planetario, en ese momento, recién, aqui, en nuestra patria, se reconoció a la Gabriela.
Quizás hay tardanza para mi llegada a la poesía de la Mistral, quizás nunca es tarde para descubrir la sensibilidad de lo humano. Quizás, sea mejor no perder más tiempo y, dejar que nuestra poetisa nos desoculte generosamente la belleza de su creación, que es un regalo, un regalo de amor.
Un río suena siempre cerca.
Ha cuarenta años que lo siento.
Ha cuarenta años que lo siento.
Es canturía de mi sangre
o bien un ritmo que me dieron.
O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños nos tenemos.
o bien un ritmo que me dieron.
O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños nos tenemos.
Fragmento del poema “Cosas” de Gabriela Mistral
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